El encadenamiento resulta a todas luces desproporcionado con la falta de Zhang Chuanqiu pero aún más lo fue la presión a la que fueron sujetas las cadenas: tanto que empezaron a integrarse en su carne y a punto han estado de atravesarle el brazo, como muestran las imágenes.
Ahora los estupefactos cirujanos intentan salvar las manos del hombre. Y no sólo es una cuestión de cirugía: Chuanqiu primero tiene que conseguir el dinero para financiarse la operación, el equivalente a 1.000 euros, que le exige el hospital. El herido podría verse obligado a solicitar otro crédito, con las conocidas consecuencias en caso de impago. Según cuenta a Austrian Times el liberado hombre, "me duelen muchísimo. Siempre tenía los brazos inflamados y repletos de pus pero como no tengo dinero debo confiar en la caridad y en el buen corazón de los doctores para que salven mis manos". Durante su detención ilegal "la única persona que no me abandonó fue mi madre, que esperó hasta que pudo rescatarme".
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