Por ejemplo, los expertos constataron una calvicie incipiente, los restos de cabellos blancos y pelirrojos en la cabeza y la barba, unos dientes en muy mal estado e indicios de una lesión en el hueso superior de la mejilla izquierda, que correspondería a la cuchillada que le asestó Jean Châtel cuando intentó asesinarle en 1594.
También se encontraron señales de cortes en las cervicales que, según los expertos, se deberían a la decapitación que sufrió el cadáver del monarca, con otras mutilaciones, a manos de los revolucionarios en 1793. Otro elemento que confirma que la cabeza pertenece a Enrique IV de Francia son las pruebas de carbono, que la han datado entre 1450 y 1650, lo que cubre el año de su muerte, en 1610.
Los expertos observan también en su estudio el particular método de embalsamamiento de "estilo italiano" a que se sometió al rey a petición propia, un sistema que evita el aspecto mutilado al no requerir la apertura del cráneo.
Enrique IV de Francia y III de Navarra, el primer rey de la dinastía de los Borbones, es uno de los más queridos en el país galo, donde es conocido como "Enrique el bueno" o "el galante" por su supuesto éxito entre las damas.
El monarca, que decretó la libertad religiosa de los protestantes en el Edicto de Nantes, fue asesinado en 1610 por un fanático católico, François Ravaillac. Se le enterró en la basílica de Saint-Denis, donde descansan los reyes de Francia, cuyas tumbas fueron posteriormente profanadas en 1793, durante la revolución francesa (1789-1799).
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